Todas las pieles acumulan partículas externas como son restos de humo, polvos contaminantes, incluso microorganismos que se adhieren y ensucian la superficie cutánea.

Diariamente y de forma natural la capa córnea se descama y el sebo segregado por las glándulas sebáceas se acumula en los folículos pilosebáceos. Un exceso de corneocitos (queratinización- células muertas) promueve la aparición de arrugas, “puntos negros”, poro dilatado e impide la correcta penetración de principios activos. Un acúmulo importante de grasa en los folículos puede provocar la aparición de alteraciones lipídicas indeseables “granos”.

Aunque se realice una limpieza de la piel diaria, existe una tendencia al acúmulo de esta suciedad, que puede alterar el equilibrio del manto natural de protección de la epidermis y consecuentemente el de las capas más profundas provocando la aparición de alteraciones de la piel como alergias, dermatitis, acné, etc. Además de impedir el aprovechamiento de los principios activos que incorporamos en las cremas. Por eso es necesario realizar una limpieza más profunda y específica, en cabina y mensualmente, respetando el ciclo de renovación epidérmica de 21 a 28 días y el ciclo natural de segregación de sebo que es 7 a 8 días.